"La arcilla fundamental de nuestra obra revolucionaria es la juventud"

Ernesto Guevara

miércoles, 20 de julio de 2011

El retorno de Chávez y el futuro de la política venezolana


Chávez ante su prueba más difícil


El inesperado retorno de Chávez y su reciente declaración admitiendo haber sido operado de un tumor canceroso han conmovido a la opinión pública dentro y fuera de Venezuela. La derecha vernácula, fuertemente respaldada por sus soportes financieros y políticos radicados en Estados Unidos y España y descaradamente apoyados por Washington y Madrid se entusiasma (y se engaña) pensando que lo que no pudo lograr en doce años: la destitución del líder bolivariano –por cualquier método, sea por la vía electoral o por la sediciosa del golpe militar o el paro petrolero- lo lograría ahora gracias al cáncer. El pueblo chavista, en cambio, fue víctima de la incertidumbre provocada por la inexplicable ausencia de noticias sobre la salud de Chávez y, sobre todo, ante la cada vez más inverosímil versión de que su prolongada estadía en La Habana obedecía a la extirpación de un absceso pélvico. Los peores presagios se confirmaron cuando una declaración del Canciller Nicolás Maduro reveló que el presidente estaba librando “una gran batalla por su salud.” No obstante, poco después y en vertiginosa sucesión se produjeron cuatro novedades de importancia, de signo contradictorio: primero, la difusión de un video grabado el 28 de Junio en donde se ve a Chávez conversando animadamente con Fidel, el cual aportó una transitoria dosis de tranquilidad que sería alterada, apenas dos días después, por el anuncio hecho por el propio líder bolivariano de que está luchando contra un cáncer. Cuando el pueblo se esforzaba por metabolizar esta pésima noticia el oportuno “operativo retorno” de Chávez, producido sorpresivamente en la madrugada del 4 de Julio, volvió a fortalecer el ánimo de sus seguidores, lo que se ratificaría, en horas de la tarde de ese mismo día, con la impresionante manifestación de apoyo popular reunida para darle la bienvenida al país. Una vez más el tablero político venezolano experimentaba un abrupto cambio.


La enfermedad de Chávez redobló la ofensiva (des)informativa de los medios del imperio y sus aliados locales, arrojando por la borda sin escrúpulo alguno sus poco creíbles pretensiones de objetividad y profesionalidad y asumiendo plenamente su lugar en la lucha de clases y su papel de agentes de la manipulación política al servicio de la restauración oligárquica. Como bien lo anotara Modesto Emilio Guerrero, la CNN tergiversó maliciosamente la información al tomar fuera de contexto la declaración del Canciller bolivariano y reducirla a cinco palabras para titular la noticia con un mensaje apocalíptico: "Chávez batalla por su vida." Cabe recordar que lo mismo dijeron de Fidel en numerosas ocasiones, pero según parece la frase resultó ser un tanto prematura. La impotencia para derrotar a la revolución bolivariana hace que los guardianes del viejo orden apelen a cualquier recurso con tal de hacer avanzar un milímetro su innoble causa. La prensa de derecha en Venezuela se regodeó anunciando con títulos de catástrofe el padecimiento del presidente, exigiendo junto a la alucinante e impresentable colección de políticos opositores (de lejos, la mejor carta de triunfo de Chávez para las presidenciales del 2012) que el Vicepresidente Elías Jaua asumiera la presidencia y se le concediera una licencia por enfermedad al presidente bolivariano dado que, siempre según la opinión de estos celosos custodios de la república y la democracia, el hombre ya estaba fuera del juego.


El regreso de Chávez y la formidable movilización popular con que lo recibiera su pueblo fueron suficientes para demostrar el absurdo contenido en aquellas afirmaciones animadas por un afán, tan incontenible como inocultable, de desestabilizar al gobierno. Su aparición ante una multitud reunida en la Plaza Bolívar habla con elocuencia de su extraordinaria capacidad de convocatoria, de ninguna manera atribuible al fantasmal aparato partidario bolivariano, el PSUV, cuya capacidad de movilización y organización se aproxima peligrosamente al cero. La gente concurrió “por las suyas” dando rienda suelta a la inmensa satisfacción que le producía el regreso de su líder. Hay que señalar también otro dato muy significativo: Chávez lucía sorprendentemente bien para un hombre que está siendo sometido a un duro tratamiento oncológico. Pudo entonar el himno nacional con su habitual enjundia y arengar con apasionamiento a sus seguidores. Fiel a su estilo, hasta llegó a disculparse en su alocución, por no haber tenido tiempo para chequear si el sonido llegaba hasta los últimos confines de la manifestación. Sus ministros saben muy bien de esta vocación por estar al día hasta de los menores detalles de su gestión, algo que en esta fase de convalecencia en que se encuentra deberá ser rigurosamente dosificado. Malas noticias pues para el imperialismo y la reacción que apostaron a su alejamiento de la escena política o a la parálisis del aparato gubernamental. Ni lo uno ni lo otro.
Chávez volvió, y demostró que su mística y su carisma siguen intactos. Y en relación a lo segundo, lo que salta a la vista es que durante los 29 días que duró su tratamiento médico en La Habana el gabinete ministerial –que incluye a un buen número de promisorios jóvenes ministros y ministras- respondió muy bien ante el desafío y continuó funcionando en consonancia con sus parámetros habituales. Ni “vacío de poder”, ni “ingobernabilidad”, ni “parálisis de la gestión”, “ni inevitable torbellino político”, como profetizaban las Casandras de la oposición a través de sus múltiples medios que, incidentalmente, controlan el 85 por ciento de la audiencia de la prensa gráfica y los medios radiales y televisivos, lo que no es óbice para que la derecha y el imperialismo siguen diciendo que Chávez ejerce un control dictatorial sobre los medios de su país.


El líder bolivariano debe ahora priorizar su salud y ganar esa batalla antes de lanzarse con fuerza al ruedo electoral del 2012. La estrategia de sus enemigos será la provocación constante, para tentarlo a que se involucre y desangre en las escaramuzas previas y hacer que llegue física y psicológicamente debilitado a la compulsa electoral del año próximo. Ojalá que su volcánico espíritu, que tanto le ha ayudado en el pasado, pueda ahora ser controlado para responder con frialdad ante el desafío de su salud y las provocaciones de la oposición. Se lo vio muy bien durante su discurso del 4 de Julio. Pero sería un error fatal creer que podrá mantener sin cambios el hiperactivismo presidencial del pasado. Asumir a plenitud su enfermedad y las elevadas chances que tiene de curarse sería uno de los más grandes servicios que podría prestar a la revolución bolivariana. Venezuela y América Latina y el Caribe necesitan de Chávez por largos años. Su visión estratégica y global, su fuerza de voluntad y su capacidad para generar iniciativas que fortalecen la autodeterminación de nuestros pueblos (como el ALBA, Petrocaribe, Telesur, la Radio del Sur, el Banco del Sur, Petrosur y tantas otras más) hacen de Chávez un aporte irreemplazable en las luchas por la definitiva emancipación de Nuestra América. Es un hombre que hace décadas viene librando exitosamente grandes batallas, pero esta es algo especial. Dependerá en gran medida de él que podamos contar con su valiosísima presencia en los tiempos decisivos que se avecinan.

Por qué ser marxista hoy


“Ser marxista hoy significa no sólo poner en juego la inteligencia para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa (al capitalismo), sino también tensar la voluntad para responder al imperativo político-moral de contribuir a realizarla.”

Discurso de Investidura pronunciado por el filósofo y escritor mexicano Adolfo Sánchez Vásquez, al recibir el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de La Habana, el 16 de septiembre de 2004. Lo recordamos al conocerse la noticia de su reciente fallecimiento el 8 de Julio, a los 95 años de edad.



La decisión del Consejo Universitario de la Universidad de La Habana de otorgarme el grado de doctor honoris causa, me ha conmovido tan profundamente que la expresión de mi agradecimiento resultaría pobre e insuficiente. Pero no puedo dejar de decir que tan alta y honrosa distinción la aprecio, sobe todo, por provenir de una institución universitaria que, junto a sus elevadas contribuciones académicas, tanto ha dado al realce y a la realización de los valores que más podemos estimar: la verdad, la justicia, la dignidad humana, así como la soberanía nacional, la solidaridad, la convivencia pacífica y el respeto mutuo entre los pueblos. Pero a este agradecimiento institucional, quisiera agregar el personal por la fraternal, lúcida y bella laudatio de quien -Roberto Fernández Retamar- me siento, desde hace ya casi 40 años, no sólo compañero de ideas y esperanzas y admirado lector de su admirable obra poética, sino también persistente seguidor de su conducta intelectual y política al frente de una institución tan consecuente con la digna e inquebrantable política antimperialista de la Revolución Cubana como La Casa de las Américas, a la que tanto debemos los intelectuales de este continente y del Caribe por su defensa ejemplar y constante enriquecimiento de la cultura latinoamericana.



I - A continuación voy a dedicar mi discurso de investidura a la obra que tan generosamente se reconoce con el grado de doctor honoris causa. Y, por supuesto, no para juzgarla, pues yo sería el menos indicado para ello, sino para reivindicar el eje filosófico, político y moral en torno al cual ha girado toda ella: o sea, el marxismo. Pero no sólo el marxismo como conjunto de ideas, sino como parte de la vida misma, o más exactamente: de ideas y valores que han alentado la lucha de millones de hombres que han sacrificado en ella su tranquilidad y, en muchos casos, su libertad e incluso la vida.

Ahora bien, ¿por qué volver, en estos momentos, sobre este eje, fuente o manantial teórico y vital? Porque hoy, más que en otros tiempos, se pone en cuestión la vinculación entre sus ideas y la realidad, entre su pensamiento y la acción. Cierto es que el marxismo siempre ha sido no sólo cuestionado, sino negado por quienes, dados su interés de clase o su privilegiada posición social, no pueden soportar una teoría crítica y una práctica encaminadas a transformar radicalmente el sistema económico-social en el que ejercen su dominio y sus privilegios. Pero no es éste el cuestionamiento que ahora tenemos en la mira, sino el que cala en individuos o grupos sociales, ciertamente perplejos o desorientados, aunque no están vinculados necesariamente con ese interés de clase o privilegiada posición social. Esta perplejidad y desorientación, que se intensifica y amplía bajo el martilleo ideológico de los medios masivos de comunicación, sobre todo desde el hundimiento del llamado "socialismo real", constituye el caldo de cultivo del cuestionamiento del marxismo, que puede condensarse en esta lacónica pregunta: ¿se puede ser marxista hoy? O con otras palabras: ¿tiene sentido en el alba del siglo XXI pensar y actuar remiti éndose a un pensamiento que surgió en la sociedad capitalista de mediados del siglo XIX?

Ahora bien, para responder a esta pregunta habría que tener una idea, por mínima que sea, de lo que entendemos por marxismo, dada la pluralidad de sus interpretaciones. Pues bien, teniendo esto presente, y sin pretender extender certificados de "pureza", se puede entender por él -con base en el propio Marx- un proyecto de transformación del mundo realmente existente, a partir de su crítica y de su interpretación o conocimiento. O sea: una teoría y una práctica en su unidad indisoluble. Por tanto, el cuestionamiento que se hace del marxismo y se cifra en la pregunta de si se puede ser marxista hoy, afecta tanto a su teoría como a su práctica, pero -como trataremos de ver- más a ésta que a aquélla.



II - En cuanto teoría de vocación científica, el marxismo pone al descubierto la estructura del capitalismo, así como las posibilidades de su transformación inscritas en ella, y, como tal, tiene que asumir el reto de toda teoría que aspire a la verdad: el de poner a prueba sus tesis fundamentales contrastándolas con la realidad y con la práctica. De este reto el marxismo tiene que salir manteniendo las tesis que resisten esa prueba, revisando las que han de ajustarse al movimiento de lo real o bien abandonando aquellas que han sido invalidadas por la realidad. Pues bien, veamos, aunque sea muy sucintamente, la situación de algunas de sus tesis básicas con respecto a esa triple exigencia.

Por lo que toca a las primeras, encontramos tesis que no sólo se mantienen, sino que hoy son más sólidas que nunca, ya que la realidad no ha hecho más que acentuar, ahondar o extender lo que en ellas se ponía al descubierto. Tales son, para dar sólo unos cuantos ejemplos, las relativas a la naturaleza explotadora, depredadora, del capitalismo; a los conceptos de clase, división social clasista y lucha de clases; a la expansión creciente e ilimitada del capital que, en nuestros días, prueba fehacientemente la globalización del capital financiero; al carácter de clase del Estado; a la mercantilización avasallante de toda forma de producción material y espiritual; a la enajenación que alcanza hoy a todas las formas de relación humana: en la producción, en el consumo, en los medios masivos de comunicación, etcétera, etcétera.

En cuanto a las tesis o concepciones que habría que revisar para ajustarlas al movimiento de lo real, está la relativa a las contradicciones de clase que, sin dejar de ser fundamentales, tienen que conjugarse con otras importantes contradicciones en la sociedad actual: nacionales, étnicas, religiosas, ambientales, de género, etcétera. Y por lo que toca a la concepción de la historia hay que superar el dualismo que se da en los textos de Marx, entre una interpretación determinista e incluso teleológica, de raíz hegeliana, y la concepción abierta según la cual "la historia la hacen los hombres en condiciones determinadas". Y que, por tanto, depende de ellos, de su conciencia, organización y acción, que la historia conduzca al socialismo o a una nueva barbarie. Y están también las tesis, que han de ser puestas al día acerca de las funciones del Estado, así como las del acceso al poder, cuestiones sobre las cuales ya Gramsci proporcionó importantes indicaciones.

Finalmente entre las tesis o concepciones de Marx y del marxismo clásico que hay que abandonar, al ser desmentidas por el movimiento de la realidad, está la relativa al sujeto de la historia. Hoy no puede sostenerse que la clase obrera sea el sujeto central y exclusivo de la historia, cuando la realidad muestra y exige un sujeto plural, cuya composición no puede ser inalterable o establecerse a priori. Tampoco cabe sostener la tesis clásica de la positividad del desarrollo ilimitado de las fuerzas productivas, ya que este desarrollo minaría la base natural de la existencia humana. Lo que vuelve, a su vez, utópica la justicia distributiva, propuesta por Marx en la fase superior de la sociedad comunista con su principio de distribución de los bienes conforme a las necesidades de cada individuo, ya que ese principio de justicia presupone una producción ilimitada de bienes, "a manos llenas".

En suma, el marxismo como teoría sigue en pie, pero a condición de que, de acuerdo con el movimiento de lo real, mantenga sus tesis básicas -aunque no todas-, revise o ajuste otras y abandone aquéllas que tienen que dejar paso a otras nuevas para no quedar a la zaga de la realidad. O sea, en la marcha para la necesaria transformación del mundo existente, hay que partir de Marx para desarrollar y enriquecer su teoría, aunque en el camino haya que dejar, a veces, al propio Marx.



III - Ahora bien, reafirmada esta salud teórica del marxismo, hay que subrayar que éste no es sólo, ni ante todo una teoría, sino fundamental y prioritariamente, una práctica, pues recordemos, una vez más, que "de lo que se trata es de transformar el mundo" (Tesis XI sobre Feuerbach de Marx). Pues bien, si de eso se trata, es ahí, en su práctica, donde la cuestión de si tiene sentido ser marxista hoy, ha de plantearse en toda su profundidad.

Pues bien, considerando el papel que el marxismo ha desempeñado históricamente, desde sus orígenes, al elevar la conciencia de los trabajadores de la necesidad y posibilidad de su emancipación, y al inspirar con ello tanto sus acciones reivindicativas como revolucionarias, no podría negarse fundamentalmente su influencia y significado histórico-universal. Ciertamente, puede afirmarse sin exagerar, que ningún pensamiento filosófico, político o social ha influido, a lo largo de la historia de la humanidad, tanto como el marxismo en la conciencia y conducta de los hombres y de los pueblos.

Para encontrar algo semejante habría que buscarlo fuera de ese pensamiento, no en el campo de la razón, sino en el de la fe, propio de las religiones como budismo, cristianismo o islamismo, que ofrecen una salvación ilusoria de los sufrimientos terrenales en un mundo supraterreno. Para el marxismo, la liberación social, humana, hay que buscarla aquí y desde ahora con la razón y la práctica que han de conducir a ella.

Aunque sólo fuera por esto, y el "esto" tiene aquí una enorme dimensión, el marxismo puede afrontar venturosamente su cuestionamiento en el plano de práctica encaminada a mejorar las condiciones de existencia de los trabajadores, así como en las luchas contra los regímenes autoritarios o nazifascistas o por la destrucción del poder económico y político burgués. Los múltiples testimonios que, con este motivo, podrían aportarse favorecen esta apreciación positiva de su papel histórico-práctico, sin que éste signifique, en modo alguno, ignorar sus debilidades, sombras o desvíos en este terreno, ni tampoco las aportaciones de otras corrientes políticas o sociales: demócratas radicales, socialistas de izquierda, diferentes movimientos sociales, o de liberación nacional, anarquistas, teología de la liberación, etcétera.


IV - La cuestión se plantea, sobre todo, con respecto a la práctica que, en nombre del marxismo, se ejerció después de haberse abolido las relaciones capitalistas de producción y el poder burgués, para construir una alternativa al capitalismo: el socialismo. Ciertamente, nos referimos a la experiencia histórica, que se inaugura con la Revolución Rusa de 1917, que desembocó en la construcción de la sociedad que posteriormente se llamó el "socialismo real". Un "socialismo" que se veía a sí mismo, en la ex Unión Soviética, como la base, ya construida, del comunismo diseñado por Marx en su Crítica del programa de Gotha.

Sin entrar ahora en las causas que determinaron el fracaso histórico de un proyecto originario de emancipación, al pretender realizarse, puede afirmarse: Primero, que, no obstante los logros económicos, sociales y culturales alcanzados, condujo a un régimen económico, social y político atípico -ni capitalista ni socialista-, que representó una nueva forma de dominio y explotación. Segundo: que ese "socialismo" significó, no obstante, un dique a la expansión mundial del capitalismo, aunque es evidente también que con su derrumbe la bipolaridad en la hegemonía mundial dejó paso a la unipolaridad del capitalismo más depredador, concentrada en el imperio de Estados Unidos. Y tercero: que la opción por, y las esperanzas, en la alternativa social del socialismo quedaron sumamente reducidas o cegadas, así como las del marxismo que la inspiró y fundamentó. A ello contribuyó decisivamente la identificación falsa e interesada del "socialismo real" con todo socialismo posible y la del marxismo con la ideología soviética que lo justificó.



V - Puesto que no es tan fácil negar el carácter liberador, emancipatorio, del pensamiento de Marx y del marxismo clásico, los ideólogos más reaccionarios, pero también más perspicaces del capitalismo, tratan de sostener la imposibilidad de la realización del socialismo. Y para ello recurren a diversas concepciones idealistas del hombre, la historia y la sociedad. Unas veces apelan a una supuesta naturaleza humana inmutable -egoísta, competitiva-, propia en verdad del homo economicus capitalista, incompatible con la fraternidad, solidaridad y cooperación indispensable en una sociedad socialista. Otras veces se valen de la concepción teleológica de la historia que decreta -muy hegelianamente- la inviabilidad del socialismo al llegar aquélla a su fin con el triunfo del capitalismo liberal, o más exactamente neoliberal.

También se recurre a la idea fatalista de que todo proyecto emancipatorio, al realizarse se degrada o desnaturaliza inevitablemente. Y, por último, se echa mano del "pensamiento débil" o posmoderno para el cual la falta de fundamento o razón de lo existente invalida toda causa o proyecto humano de emancipación. Como es fácil advertir, en todos estos casos se persigue o alimenta el mismo fin: confundir las conciencias, desmovilizarlas y cerrar así el paso a la organización y la acción necesarias para construir una alternativa social al capitalismo y, por tanto, a todo pensamiento que -como el marxista- contribuya a ella.



VI - Ahora bien, aun reconociendo la falsedad de los supuestos ideológicos en que se apoyan estos intentos descalificadores, así como los intereses de clase que los promueven, es innegable que, a raíz del hundimiento del "socialismo real", se da un descrédito de la idea de socialismo y un declive de la recepción y adhesión al marxismo. Y ello cuando la alternativa al capitalismo, en su fase globalizadora, se ha vuelto más imperiosa no sólo porque sus males estructurales se han agravado, sino también porque al poner el desarrollo científico y tecnológico bajo el signo del lucro y la ganancia, amenaza a la humanidad con sumirla en la nueva barbarie de un holocausto nuclear, de un cataclismo geológico o de la supeditación de los logros genéticos al mercado.

De tal manera que, en nuestros días, el agresivo capitalismo globalizador hegemonizado por Estados Unidos, al avasallar, con sus guerras preventivas, la soberanía y la independencia de los pueblos, al hacer añicos la legalidad internacional, al volver las conquistas de la ciencia y la técnica contra el hombre y al globalizar los sufrimientos, humillaciones y la enajenación de los seres humanos, atenta no sólo contra las clases más explotadas y oprimidas y contra los más amplios sectores sociales, sino también contra la humanidad misma, lo que explica el signo anticapitalista de las recientes movilizaciones contra la guerra y de los crecientes movimientos sociales altermundistas en los que participan los más diversos actores sociales.

La emancipación social y humana que el marxismo se ha propuesto siempre pasa hoy necesariamente por la construcción del dique que detenga esta agresiva y antihumana política imperial estadunidense. Pues bien, en la construcción de ese dique al imperialismo que tantos sufrimientos ha infligido al pueblo cubano, está hoy sin desmayo, como siempre, y fiel a sus orígenes martianos, la Revolución Cubana.



VII - Llegamos al final de nuestro discurso con el que pretendíamos responder a la cuestión de si se puede ser marxista hoy. Y nuestra firme respuesta al concluir, es ésta: puesto que una alternativa social al capitalismo -como el socialismo- es ahora más necesaria y deseable que nunca, también lo es, por consiguiente, el marxismo que contribuye -teórica y prácticamente- a su realización. Lo cual quiere decir, a su vez, que ser marxista hoy significa no sólo poner en juego la inteligencia para fundamentar la necesidad y posibilidad de esa alternativa, sino también tensar la voluntad para responder al imperativo político-moral de contribuir a realizarla.

Por último, reitero mi más profundo agradecimiento a la Universidad de La Habana, porque con la alta distinción que me otorga, me da un vigoroso impulso para continuar, en su tramo final, la obra que ha tenido y tiene como eje teórico y vital al marxismo.

¡Sumemos fuerza a la campaña “Argentina al ALBA”!



El Viernes 8 y el sábado 9 de Julio en el Hotel Bauen de la Ciudad de Buenos Aires, se dió inicio a la campaña “Argentina al ALBA”. Allí las más de veinte organizaciones sociales, políticas y estudiantiles presentes, junto a reconocidos intelectuales como Modesto Guerrero, Claudio Katz y Atilio Borón, manifestamos nuestro apoyo a la iniciativa de que nuestro país se integre a la Alianza Bolivariana para los Pueblos que integran, entre otros, Venezuela, Bolivia, Cuba y Nicaragua.

El ALBA es parte de un momento excepcional que vive Nuestra América con el debilitamiento de las potencias imperialistas por sus crisis económicas y el estancamiento de sus aventuras militares, en forma paralela en una revitalización económica de los países de la región. Esto ha permitido el afianzamiento de gobiernos progresistas (o de un nacionalismo radical) que ha dado fuerza a la politización y el resurgimiento de un horizonte socialistas para grandes sectores del pueblo. El ALBA es parte de este proceso pero también incide en él, fortaleciendo las transformaciones en los países más avanzados, radicalizando sus lógicas no capitalistas de intercambio y agudizando las tensiones con los sectores burgueses que pretenden apropiarse de las conquistas populares.

Como ha dicho Eduardo Lucita “El ingreso de nuestro país no solo sería un fuerte aval al ALBA sino una verdadera muestra de independencia frente al imperio, y tendería a reforzar el contexto de la región en el marco de la actual situación mundial”. De esta manera se fortalecería la relativa independencia que nuestros pueblos han ido recuperando de manos del imperialismo y se aliviaría también en gran medida algunos de los principales problemas económicos que tienen países como Venezuela y Cuba que son fuertes (importan casi el 80% de los alimentos que consumen, tienen producción de medicamentos, maquinarias y equipos de tecnología intermedia, etc.).

Por estas razones la Juventud Guevarista de Argentina se incorpora a la campaña “Argentina al ALBA” con la expectativa de conformar así un sólido movimiento popular que comience a imponer agenda política de gobierno con un contenido realmente transformador y revolucionario. Como dijo el Che, la alternativa sigue siendo socialismo o caricatura de revolución.

”En Honduras nada ha cambiado, pero el país ha salido de la agenda”





Lo dicen dirigentes del FNRP desde Uruguay Carlos H. Reyes y Juan Barahona en Montevideo.

Publicado en www.resistenciahonduras.net



En muy poco se diferencia el gobierno actual de Porfirio Lobo de la dictadura que derrocó a Manuel Zelaya dos años atrás, pero el régimen hondureño ha logrado lavar su imagen, dicen a Brecha Carlos Reyes y Juan Barahona, dirigentes del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) de ese país. La formación de un Frente Amplio, liderado por Zelaya, para competir en las elecciones de 2013, fue uno de los centros de esta entrevista.

El 26 de junio unos 1.500 participantes en una asamblea extraordinaria del FNRP, el conglomerado de movimientos sociales y sectores políticos constituido para luchar contra la dictadura encabezada por Roberto Micheletti tras el derrocamiento del presidente Manuel “Mel” Zelaya en junio de 2009, decidió dar forma a una alianza política con la cual presentarse a las elecciones de 2013: el Frente Amplio de Resistencia Popular (FARP).

Zelaya, nombrado coordinador general del FNRP apenas regresó al país a principios de junio de su exilio en República Dominicana, venía craneando desde hacía tiempo dar forma político electoral a la Resistencia antigolpista, pero en el arco de movimientos sociales que componen el FNRP la idea no había terminado de cuajar.

Algunos de los sindicatos, organizaciones campesinas, estudiantiles, indígenas, de mujeres que integran el FNRP temen que con la formación del Frente Amplio el movimiento de resistencia se embarque en una deriva electoralista que lo aleje progresivamente de sus “objetivos de transformación social radical” y que lo lleve a pactar con el actual gobierno de Lobo (continuista del de Micheletti) una salida para “dar vuelta” la página de la dictadura, según dijo uno de los portavoces de esta postura.

Zelaya cree, en cambio, que el FARP es “el” paso a dar para “derrotar al proyecto oligárquico en el país” y niega que se vaya a bajar de “los principios antioligárquicos y antiimperialistas que han animado a la resistencia”. La discusión se dio a lo largo de semanas en las estructuras de base del FNRP, y la terminó ganando el ex presidente.

El plenario de fines de junio, realizado el mismo día que se conmemoraban dos años del derrocamiento de Zelaya y un mes después del retorno del ex presidente, refrendó esa opción. “Una nueva era se inicia hoy en el país: el comienzo del fin del bipartidismo”, dijo Zelaya a los frentistas que lo aclamaban.

El local del Instituto Central de la capital, cuentan las crónicas desde Tegucigalpa, estaba poblado de banderas rojinegras del Frente y de retratos gigantes de Hugo Chávez, Rafael Correa, Evo Morales, Lula, Dilma Rousseff, Fidel Castro. “Nadie será excluido del Frente Amplio, sólo aquellos que adhieran al golpismo o que no compartan nuestro principio básico de combatir la explotación del hombre por el hombre”, dijo Zelaya, y comentó que la del FARP será “una propuesta de inclusión social en paz”, que embarcará al país “hacia un socialismo democrático, un liberalismo pro socialista”.

Juan Barahona, coordinador general del FNRP en ausencia de Zelaya, devenido subcoordinador luego del retorno del ex presidente, y ahora otra vez segundo de “Mel” en el FARP, y Carlos H Reyes, dirigente del sindicato de trabajadores de la bebida y uno de los opositores al FA dentro del FNRP, llegaron a Montevideo el domingo pasado invitados por FUCVAM, con el apoyo del Comité de Solidaridad con Honduras de Uruguay y de la Regional Latinoamericana de la Unión Nacional de Trabajadores de la Alimentación (UITA).

Ambos afirman que para las fuerzas que integran “el arco de la resistencia” las cosas han ido evolucionando favorablemente porque ahora “hay una unidad que era impensable antes del golpe, y el retorno de Zelaya le sumó fuerza a ese proyecto”, según resume Reyes. “El imperio y la derecha –dice- pensaban que Zelaya cuando regresara volvería a su partido de origen, el Liberal”, que lavaría su propuesta, que sería fácilmente neutralizable. “No lo hizo, al menos por ahora, y se ha preservado la unidad de acción política y social que había logrado el FNRP”, dice el sindicalista.

Barahona y Reyes coinciden en que sin esa unidad les será difícil enfrentar a un gobierno “absolutamente continuista de la dictadura” pero que ha logrado blanquearse con “unas pocas concesiones”, como el regreso de Zelaya y algunas promesas de respeto a los derechos humanos y a la libertad de organización política que no ha cumplido o sólo en parte.

“Porfirio Lobo no se diferencia en absoluto de Micheletti, son la misma cosa”, dice Barahona. “Continúan los asesinatos, las desapariciones, las torturas, las violaciones a mujeres en las comisarías. Y la misma criminalización de las luchas sociales que se daba bajo la dictadura”.

Sólo entre marzo y junio pasados murieron nueve dirigentes campesinos y otros tres desaparecieron en la zona del Bajo Aguán, escenario de enfrentamientos entre pequeños campesinos y grandes terratenientes que recurren a bandas de sicarios armados.

MODELOS

“La oligarquía, los grandes empresarios ligados en especial al negocio agrario son el enemigo a vencer, son quienes impulsaron el golpe y continúan gobernando. El problema de la propiedad de la tierra es básico en Honduras. También el de la propiedad de los recursos naturales. Lo que pretende el Frente es abolir el actual modelo, impulsar transformaciones de fondo”, dice Barahona.

¿En qué piensan cuando hablan de “abolir el modelo”? ¿Cuál sería la alternativa?, pregunta Brecha a Barahona. “En la Honduras de hoy, el Estado es un Estado achicado, sin ningún poder. Queremos revitalizarlo. Se han privatizado los recursos hídricos y otros. Queremos que sean públicos. En los setenta hubo entrega de tierras a los campesinos, y desde los noventa, con una ley que se llamó de modernización agrícola, el proceso se revirtió y esas tierras volvieron a los grandes empresarios del sector. Pretendemos entregárselas nuevamente a los pequeños campesinos”.

¿Hay consenso en el Frente para tomar ese tipo de medidas? “Son parte de sus propuestas. Pese a su diversidad ideológica, que es su fuerza y su debilidad al mismo tiempo, tiene objetivos de transformación que son comunes a todos. Uno de ellos es la lucha contra la oligarquía y los grandes empresarios que están en la base de este modelo y que son los que dieron el golpe y siguen gobernando.

Cuando se instauró la dictadura, la resistencia se unificó en torno a dos objetivos precisos: la restitución de Mel Zelaya y una convocatoria a asamblea nacional constituyente. Pero el Frente logró aglutinar sindicatos, mujeres, jóvenes, indígenas, campesinos, maestros, pequeños empresarios golpeados por la crisis, además de a los partidos de izquierda y a los sectores del Partido Liberal que apoyaban a Zelaya. Como Frente estuvimos en la calle desde el primer momento. Eso nos fue estructurando, y en la unidad de acción todos nos fuimos dando cuenta que sin grandes transformaciones sociales cambiaríamos algo para no cambiar nada”.

TRAMPAS

La opción de Zelaya de ponerse a la cabeza de un nuevo partido con pretensiones electorales (todavía le falta ser reconocido por el Tribunal Supremo Electoral y para ello tiene que recoger al menos 43.000 firmas de adherentes) dividió las aguas entre los propios liberales que lo acompañaron en la lucha contra la dictadura. Algunos decidieron seguirlo, otros volvieron al redil.

Zelaya, en todo caso, no puede ser candidato en las condiciones actuales. La Constitución impide a un ex presidente volver a serlo. Modificarla sigue siendo una de las demandas principales del FNRP, y para promover esa reforma en el Congreso lanzó una campaña de recolección de firmas que ya superó el millón 200 mil. El respaldo masivo a esa propuesta le ha hecho afirmar a Zelaya que “las fuerzas de la resistencia son hoy la principal fuerza política del país”.

En caso de fracasar la reforma constitucional, hay sectores del zelayismo que proponen como candidata presidencial a la esposa del líder del Frente, Xiomara Castro. “Es una idea que parte de los sectores liberales cercanos a Zelaya. El Frente no la ha discutido”, dice Barahona.

Reyes piensa, por su lado, que el FNRP no puede centrar su acción en preparar las elecciones de 2013, que tiene demasiadas cosas para atender en el terreno social. “Vamos a respetar la institucionalidad del FNRP, y si se decidió ir hacia un Frente Amplio electoral lo respetaremos.

Una división del Frente sería un descalabro para el movimiento social. Honduras ha tenido el mayor nivel de conjunción del movimiento social en América Central, y eso hay que preservarlo. Pero no queremos que el FNRP derive en uno de esos partidos que solamente se organizan para elecciones. Tenemos temor de que la gente que viene de los partidos, que no ha tenido el nivel de lucha que hemos tenido los sindicatos, las organizaciones campesinas y otros, quiera copar la nueva estructura y que el Frente Amplio funcione al estilo de los partidos tradicionales, recreando el viejo bipartidismo de otra forma”.

Reyes cree que “se ha caído en algunas trampas tendidas por el imperio”. Una primera fue “cuando Zelaya aceptó la mediación con Lobo que le había propuesto la canciller de Estados Unidos, Hillary Clinton. En el Frente pensamos entonces que esa mediación sólo serviría a Lobo, cuando la OEA había determinado que Zelaya debía ser repuesto en el gobierno. La otra trampa fueron las elecciones de noviembre de 2009, que sirvieron para limpiar al régimen”.

Con esas trampas, agrega, el régimen logró blanquearse “hacia afuera” del país. Al punto de que Honduras “ya no es un problema”. El sindicalista cuenta un episodio que le sucedió en Francia recientemente. Lo habían invitado a dar a una charla a la Universidad de Pau, y los organizadores le habían preparado una serie de entrevistas con la prensa. Un periodista del diario Le Monde que pensaba reportearlo le dijo que finalmente no haría la entrevista, que sus jefes le habían ordenado no hacerla. Honduras ya estaba “fuera de agenda”, le dijeron.